Patricio Fernández

El noticiero

Ganas de Conversar

Alejandra Matus sobre la distribución del poder: “¿Qué incentivo tiene un Senador a responder a sus mandantes si va a estar ocho años ahí sin necesidad de dar cuentas a quienes lo han elegido?”

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Por Patricio Fernández

9 de febrero de 2021 — Ganas de Conversar

La autora del “Libro negro de la justicia chilena”, abordó la crisis de Carabineros, analizó la desigualdad judicial del país y propuso medidas para una mayor democratización y participación ciudadana.

Este martes 9 de febrero, la primera invitada a la inauguración de Ganas de Conversar, el programa radial liderado por Patricio Fernández, candidato constituyente por el distrito 11 (La Reina, Lo Barnechea, Las Condes, Peñalolén y Vitacura) fue la periodista y escritora Alejandra Matus.

En el diálogo, la también panelista del programa televisivo Pauta Libre, abordó temas como la crisis de Carabineros y su refundación, la desigualdad de clases a la hora de enfrentar la justicia, la distribución del poder, el fortalecimiento a la democracia, y los desafíos del proceso constitucional.

Carabineros tuvo sus participaciones en la dictadura varias conocidas. Pero resulta que en el último tiempo Carabineros se supone que era una institución admirada. El mundo de los honestos, un ejemplo para Latinoamérica, comparado con los otros cuerpos de policías en el continente que se dejaban sobornar en las calles, que tenían vicios. Mientras que los nuestros tenían esa estampa de hombre de pueblo chileno, sencillo. Un amigo en su camino. ¿Qué pasó que de repente ese relato se desmoronó?

“Hay que tomar en cuenta que cuando uno hace el análisis, es con respecto a la conducción de Carabineros. Yo creo que el carabinero de campo, bonachón, todavía existe. Lo que ha sucedido es que Chile se creyó los indicadores de transparencia internacional. Hay un checklist de comportamientos deseados en los que Chile salía en los primeros lugares. Ley de Transparencia, instituciones, separación de los poderes del Estado. Eso nos hizo creer que no había corrupción ni abuso policial y que Chile era un país ejemplar. A mi me parece que lo único que ha pasado es que ha entrado el aire en la espalda. Porque el comportamiento de apropiarse de los recursos fiscales para mejorarse los sueldos por la vía institucional, eso no sucedió de un día para otro. Eso no fue un acto de un funcionario que perdió el juicio. Fue una decisión institucional que siguieron practicando comandante tras comandante, general tras general, entonces creo que simplemente no lo habíamos visto. Primero que nada, en Chile el poder judicial fue reformado recién el 2000. El 2005 comenzó a regir la reforma en el país. Antes de eso, era muy poco probable que los tribunales chilenos quisieran investigar nada relacionado con el comportamiento de la policía. Tampoco la autoridad civil que podría haberlo puesto en antecedentes, estaba en condiciones políticas de mirar hacia allá”.

Ha habido tres comisiones en poco tiempo. Se han sacado sendos informes. Parece haber un acuerdo transversal, de que Carabineros requiere una reforma profunda. De que pasa con someterse al poder civil, con autoridad directa sobre ellos, con una relación más cercana con la comunidad, que pase a ser una cómplice con organizaciones comunitarias y no mantener esta especie de mentalidad de fuerzas armadas que están llamadas a dominar a una ciudadanía en vez de ser su hermana más cercana. ¿Por qué este cambio que parece estar claro no se lleva a cabo?

“Porque es una fuerza armada de 60 mil hombres. Armados. No es fácil ponerle el cascabel al gato”.

¿Temerá el Gobierno quedarse desprotegido en tiempos de inquietud?

“Claro, porque además ha sucedido, que los Carabineros, bueno el mando, como es una fuerza militar que es jerarquizada, no se mandan solos, y es una fuerza que tiene presencia nacional; y es la policía. La policía de investigaciones es una bicoca al lado de Carabineros. Entonces, ha habido pataletas, pero no se han hecho públicas, cuando los carabineros no tienen lo que quieren del poder civil… bajan los brazos. No salen a patrullar, no mandan a la gente donde la tienen que mandar, y de esa manera, ejercen una coerción bastante efectiva sobre el poder civil. Por eso es tan delicado el tema de entregar las armas a alguien digamos. Creo que el poder civil, se ha quedado en parte por miedo y por conveniencia, porque también digámoslo, que tienen la estructura de poder como la democracia chilena, con una alta concentración de poder y con una escasa capacidad de procesar los conflictos sociales. Tener a Carabineros es super cómodo. Le pongo rejas alrededor de la Moneda y los mando a reprimir las manifestaciones y vamos pasando los días y que llegue agosto. Esa ha sido la lógica. También es una fuerza policial que obedece el actual orden constitucional y político. Es difícil pensar en reformar una policía para un sistema democrático, o por ejemplo establecer distintos tipos de policía. Porque todavía no le encuentro lógica a que tengamos esta fuerza armada nacional que hace distintas cosas y no tiene especialización ni diferenciación en los distintos roles”.

“Cuando los presidentes se sienten débiles como el actual, acudir a la defensa o parapetarse detrás de los funcionarios públicos es bastante conveniente”.

Cuando me tocó participar dentro del proceso constituyente de Bachelet, en los mismos diálogos, el valor o el principio, más ansiado por la gente, era la justicia, que ha sido un tema muy tuyo, que le has dedicado libros, como el Libro negro de la justicia. Tuviste un enredo con Carlos Larraín por ahí, cuando le preguntaste cuanto le pagó a la víctima del atropello de su hijo. A partir de ese ejemplo, ¿Cuál sería tu diagnostico respecto del acceso a la justicia en Chile?. De acuerdo con el principio de la igualdad ante la ley, ¿Estamos en un país que tiene una institucionalidad carente? ¿Estamos en un territorio en que las diferencias de acceso a la justicia son altísimas?

“Hace poco publiqué un artículo en la revista de la defensoría penal pública: La vieja nueva justicia de clase. Porque la crítica a la justicia chilena que tiene un sesgo de clase es muy antigua, y se hizo relevante en los 60, por Eduardo Novoa Monreal. Por supuesto nunca se abordó, en dictadura menos. La transformación a la justicia, sobre todo la reforma procesal penal, que no es una reforma a toda la justicia, sino que ese aspecto que era el que más dolía por este mismo tema, al acceso y el desequilibrio en las actuaciones de la justicia hacia las personas con poco poder, ya sea al tratarlos como imputados o como víctimas. Ese aspecto, a pesar de la reforma, mantiene la disparidad de acceso. Te lo grafico en los siguientes casos. Primero el caso de Larraín. Un atropello con resultado de muerte y conducción de estado de ebriedad es un delito simple de investigar. No hay banda organizada o elementos ajenos. Es un delito simple y que en Chile se comete con bastante frecuencia lamentablemente. Una operación de vesícula. Pero cuando el imputado es hijo de un Senador de la Republica que tiene profundas raíces en la aristocracia chilena, esto simple se convierte en otra cosa. Una persona con dinero para pagar abogados y con redes de contacto en el poder puede salir libre de una acusación de homicidio más allá de las evidencias del caso. En el otro extremo, una persona acusada de un delito sencillo, como desorden público, puede estar más de un año preso, sin que el Ministerio Público se digne a presentar pruebas. Que es lo que pasa con más de mil personas que están en esa situación, cuyos nombres no conocemos porque probablemente ninguno de ellos tiene los recursos suficientes para pagar abogados y mover contactos para salir en la tele. Eso se llama desigualdad”.

¿Se te ocurre un modo de constitucionalizar el problema? ¿Qué podríamos hacer para limarlo?

“Yo pienso que la Constitución puede hacer ciertas cosas y otras cosas no las puede hacer. Pero algo fundamental, es redistribuir el poder, porque al final todo esto es ejercicio del poder. Cuando el poder esta distribuido de una manera más democrática que la actual y las decisiones las pueden tomar los ciudadanos de a pie que son los mandantes en teoría en un sistema democrático, la justicia tiende a comportarse para responder a las expectativas de ese poder. Cuando el poder es ejercido por unos pocos, desde el presupuesto, las carreras, los ascensos, las asignaciones, los traslados, la gente tiende a favorecer al que le va a mejorar la vida. Todos los funcionarios son trabajadores en un sistema y mientras más altas las aspiraciones en Chile, más necesidad tienes de estar vinculado. Ese es el problema fundamental”.

“No creo que el problema se solucione con más y nuevas instituciones. Por ejemplo, ayudaría que los electores de un Senador y de un Diputado pudieran revocarle el mandato. Que los Senadores, Diputados y los representantes de los distintos cargos de elección tengan que rendir cuenta de su actividad. Que no se puedan renovar más de un periodo. Que los senadores no se elijan por ocho años. ¿Qué es eso? ¿Qué incentivo tiene un Senador a responder a sus mandantes si va a estar ocho años ahí sin necesidad de responder a quienes lo han elegido? Ese núcleo central de problema que es la distribución de poder, o la profundización de la democracia como se decía en algún minuto, ese problema si lo puede abordar la Constitución. Por ejemplo, se puede definir ahí que justicia queremos tener. Jurados como la justicia gringa-británica, porque no se pueden elegir, los jueces o los fiscales. Más democracia, más transparencia y más distribución del poder es la solución a este y muchos otros problemas”.

Todos los diálogos del programa Ganas de Conversar, los puedes revivir en la cuenta de Instagram @patofdez, en el Facebook Pato Fernández y en el canal de YouTube, patocandidato.

Revive la entrevista completa aquí